Viernes, 21 12 2018
3 - 6 min
Ezequiel Jorge

La EsFA como proyecto de regeneración de una política de la lucidez y la esperanza (Casa Grande)

Desde que la humanidad es gregaria, es decir desde el principio, la política –instrumentalizada a través del lenguaje– ha sido el arte del diálogo para el acuerdo y el avance de la sociedad.

La sofisticación de ese lenguaje y de esa disputa retórica significa de algún modo una evolución en tanto bichos políticos y nos obliga a tener un conocimiento del mundo con perspectiva histórica, contextual y prospectiva. En ello radican las bases para el análisis y la contraposición de argumentos dignos de la izquierda: de otro modo no hay manera de llegar a la síntesis. Más aún, la izquierda uruguaya se ha destacado siempre por su vocación hacia una filosofía de la razón y por ello ha sido capaz de construir una propuesta de país sobre una base programática que conjuga al mismo tiempo las demandas de la coyuntura y del futuro.

Celebramos la creación de un espacio de formación política para todo el Frente Amplio, por encima de los sectores, porque significa que hay voluntad para cultivar nuestra mejor versión: la suficientemente crítica, inteligente e ilustrada como para entender la complejidad de lo que nos rodea y para desarrollar empatía hacia aquello que pueda resultarnos lejano. El discurso y la propuesta dados por la simpleza argumental quedan, como siempre, para la derecha y así mientras que ellos eligen el camino de la desinformación y las noticias falsas, nosotros debemos reafirmar nuestra identidad racional y analítica porque los destinos de un país son siempre lo suficientemente entramados como para requerir del estudio concienzudo y de la racionalidad de sus gentes.

Que haya una propuesta de formación política para todos los militantes y cuadros del FA, no solamente supone la oportunidad de renovar –en el sentido de mantener viva– la capacidad de discusión y síntesis, sino también la de reproducir los elementos ontológicos de sus reservas éticas e ideológicas. Nunca son suficientes los esfuerzos para hacer de la política una práctica de la solidaridad, la transparencia y en última instancia un acto de amor; por lo tanto la formación tiene allí una oportunidad de maravilloso trabajo para construir una reafirmación de la política como tarea noble.

La educación ha sido un instrumento de transmisión y generación del conocimiento en un intercambio de ida y vuelta entre generaciones, y en este sentido la EsFA será un espacio fantástico para la confluencia de diferentes sensibilidades y aprehensiones del mundo, donde no solo podremos tomar las mejores de las tradiciones de la izquierda política y social del Uruguay sino también incorporar los problemas y las subjetividades del presente y del futuro (que siempre llega más rápido de lo que pensamos).

Desde Casa Grande consideramos que la EsFA, además de ser capaz de promover una formación de excelente calidad en su contenido, debe ser capaz de articular una propuesta que ponga a las mujeres, a los jóvenes, a los compañeros y compañeras del interior, a las comunidades LGBT y afro al centro. La renovación y la superación de las desigualdades políticas entre las y los miembros de nuestro FA es un imperativo de la hora: tener a los postergados y las postergadas haciendo política hacia adentro y hacia afuera del Frente Amplio es una condición sine qua non para mejorar nuestra calidad democrática. No basta con la participación en la campaña, con la querida pegatina de engrudo y pinceletas, con la militancia que siempre es a puro mate y corazón, hace falta también que el poder político sea compartido porque es en esa redistribución que surge la riqueza de la diversidad y a partir de allí naturalmente aparece la inteligencia plural y la audacia propia de aquellos que vienen con el ímpetu nuevo. No solo basta con tener cuotas, hace falta que todas las compañeras y compañeros puedan formarse políticamente para ejercer el poder con sentido de transformación y no ya desde una lógica de su administración per se.

Luego de quince exitosos años de gobierno, ha cambiado el contexto y han surgido nuevos desafíos. Algunos de estos siempre estuvieron pero hoy, una vez superadas dificultades anteriores, emergen apelando a ser resueltos en el corto plazo; otros, en cambio, son consecuencia de las propias políticas que hemos llevado adelante y que han redundado en mejoras para la sociedad; finalmente también hay desafíos que han estado desde el principio pero que aún se nos resisten, no porque no haya habido voluntad política para tratarlos sino porque sencillamente no hemos logrado, aún, ser efectivos en desarrollar una estrategia que los solucionen. Es obvio, entonces, que al igual que hace 45 años hace falta pensar, pensar y pensar para poder seguir construyendo entre todos y todas la mejor propuesta de país, y para ello nada más necesario que el conocimiento y la educación.
Seguir teniendo capacidad transformadora implica que debemos ser nuestra mejor crítica y nuestra mejor alternativa. Para eso, necesitamos más que nunca de esta EsFA que viene a llenar ese vacío de formación que por mucho tiempo los frenteamplistas nos hemos auto-reclamado, y entendemos que es preciso que la misma devenga en el ejercicio y el fortalecimiento de la inteligencia colectiva para una teoría y una praxis política de la esperanza. Más aún, los espacios de educación cuando son bien logrados se transforman naturalmente en espacios donde la crítica del presente y las posibilidades del futuro barbotean y por lo tanto aspiramos a que esto que está naciendo sea capaz de lograr en la práctica una reproducción política crítica, joven y entusiasta, en contraposición a la vieja reproducción inercial de los partidos políticos tradicionales que los ha llevado al desgaste y a la derechización.

Festejamos el nacimiento de la EsFA y de este Número 0 de Síntesis porque vemos en ello una nueva oportunidad de ser políticamente felices mientras construimos un mundo más equitativo, más justo y más humano.